Gabriela Mistral y el Poverello de Asís

Para nadie es un misterio que la poeta Gabriela Mistral –en este año se han cumplido sesenta años de su muerte-, fue una mujer religiosa y las reflexiones que llevó a cabo en torno a sus inquietudes espirituales no sólo quedaron plasmadas en su obra lírica sino también en la escritura en prosa que –como es bien sabido- fue profusa.

El tema de la religiosidad de la Mistral ha sido visitado por la crítica abundantemente desde diferentes perspectivas. La presencia de la influencia de la Biblia en su conformación  como persona creyente y su visibilización en la producción poética es fácilmente rastreable. Gabriela Mistral vivió el deslumbramiento de la fe, así como también la experiencia de cuando el pozo se seca. La sequedad  y la búsqueda de una manera de volver a religarse con Dios forman parte de su itinerario espiritual. En sus escritos se nos revela como una mujer que, habiendo bebido de los episodios bíblicos desde temprana edad, sintiéndose atraída por las figuras del pueblo de Israel en el Antiguo Testamento, se subyugará por el Nuevo en la figura del Verbo encarnado. Sin embargo, en algún momento de este transitar espiritual, la Mistral mirará hacia formas de religiosidad como el budismo, o de la teosofía y, en consecuencia, en la transmigración de las almas. En otras palabras, en la poeta desde el punto de vista de la religiosidad se da un proceso que va desde la fe cristiana a una suerte de desconversión y a una reconversión a la fe primaria, esto es, al cristianismo y al catolicismo propiamente tal: “Yo, que he anclado en el catolicismo, después de años de duda” (Cristianismo con sentido social, 1924). Y luego, a raíz de la muerte de Yin Yin, a una suerte de sincretismo.

Según Luis Vargas Saavedra, el año recién indicado es la fecha clave para entender la reconversión de Gabriela Mistral al catolicismo sui generis que profesó, pues al decir del autor citado, “relegaba a la Iglesia para quedarse con Cristo solamente”. Probablemente, es por esto que la imagen del Poverello de Asís le resultó tan atractiva y carismática, ya que desde que se produjo la conversión de Francisco comenzó a ser considerado como un alter Christus. El mismo sentido social con que Gabriela Mistral miraba y hacía suyo el cristianismo (“Creo que el cristianismo con profundo sentido social, puede salvar a los pueblos”, declaraba en 1925) debe tener en la figura de Francisco un sustrato espiritual y teológico, pues el santo se hizo pobre entre los pobres y menesterosos de este mundo; el próximo suyo fueron fundamentalmente los excluidos de la sociedad de su tiempo, como los leprosos. En consecuencia, no es de extrañar que nuestra poeta escribiera en torno al Poverello varios “articulejos” –como ella los llamaba- que tematizarán diversos aspectos de la hagiografía de Francisco que la tradición conservó en las Florecillas.

La hagiografía poética de Gabriela Mistral escrita en una prosa que contiene todas las características tan propiamente suyas, nos muestran a un Francisco de Asís cuya corporalidad escrituraria se modela sobre la base de la perspectiva de una mujer escritora que ha descubierto en él una fuente de donde dimana el espíritu del cristianismo en un sentido prístino y cristalino, como lo fue el santo. Sin duda que se puede afirmar que en esta búsqueda de la espiritualidad, no sólo el Poverello estuvo en el foco de atención de la poeta sino también otras figuras relevantes del cristianismo.

Los motivos de San Francisco de Gabriela Mistral están constituidos por treinta y tres ensayos, aunque la poeta publicó en el diario El Mercurio, cincuenta. La palabra motivo en la escritura de mistraliana apunta a una de las acepciones del concepto; se trata de  las razones o argumentaciones para realizar una acción. La conexión con los motivos del lobo de Gubbia son, evidentemente, incuestionables. La razón de escritura de los motivos de San Francisco no sólo refieren a su actuar en el medio histórico en que le cupo vivir desde la perspectiva escrituraria de la autora, sino también responden a los requerimientos de esta como mujer que anda a la búsqueda de su ser espiritual.

La hagiografía poética de San Francisco a la luz del imaginario mistraliano, se inicia con el nacimiento del Poverello con una alabanza a la madre de este, Madona Pica; el nacimiento del santo tiene conexiones con el pesebre de Jesús. Sin duda, que la Mistral tiene en mente que la tradición de los pesebres navideños comenzó cuando a Francisco se le ocurrió la idea de la representación de lo que había acontecido en Belén. Lo que queremos argumentar es que la poeta en su hagiografía del santo de Asís lleva a cabo una correlación entre Francesco Bernardone para el mundo, Francisco, despojado de los fastos de este mundo, con la imagen del Verbo encarnado.

“Los clavos de Francisco de Gólgota, junto a los clavos de Cristo de Asís”, escribe la Mistral en 1927. La frase es sumamente esclarecedora para la constitución del texto hagiográfico de la poeta: Francisci  alter Christus est. Esta es la razón por la que en el proceso de escritura de los “articulejos” franciscanos, Gabriela Mistral mira la corporalidad del asisiano. El cuerpo de Francisco antes y después de su conversión. El cuerpo de Francisco lacerado y estigmatizado: “¿Cómo sería el cuerpo de San Francisco?”, “Los cabellos de San Francisco eran no más que un vientecillo en las sienes”, “¿Y sus manos?”, “¿Y cómo serían los ojos de San Francisco? Estaban como la hondura de la Flor, mojados siempre de ternura”, “Y eran delgados los labios del Pobrecillo; estaban hechos para las palabras ligeras como una exhalación”, “¡Cómo hablaría San Francisco! ¡Quién oyera sus palabras, goteando como un fruto su dulzura!”, “Los caminos se acuerdan de ellos, todavía, como se acuerda la fuente de una caricia”, refiriéndose a los pies del santo.

La muerte de San Francisco de Asís ocurrió el 4 de octubre de 1226 a la edad de cuarenta y cinco años. Para él, era la hermana muerte, al igual que toda la creación. La tematización del tránsito de San Francisco en la imagen poética de Gabriela Mistral está dentro de los cánones con que el santo la consideraba: “También sentiste la muerte como una suavidad, Francisco; al tocar tu cuerpo dócil todas las cosas tenían que serte suavidad” (…) “ Y con un pequeño estremecimiento, te desprendió el alma, recogiéndotela de la cabeza hasta la punta de los pies, -como se recoge una llama en un tronco que arde horizontal- en una lengua alta que subió arrebatada”.

A la luz de lo anteriormente expuesto, la imagen del Poverello de Asís en la prosa mistraliana conserva los hitos fundamentales de los escritos hagiográficos sean estos religiosos o literarios. Sin duda que no podemos soslayar que los escritos respondieron a la inquietud de religarse nuevamente a lo divino, en medio de los avatares de su existencia.

Concluimos dándole la palabra a Gabriela Mistral, porque en esta afirmación está la clave de lectura de los “articulejos” sobre el asisiano: “Gracias por creer en ti, Francisco, sin tener que ver esos emblemas rojeando en tu cuerpo: con tu ardiente caridad me convenciste”.

Eddie Morales Piña

Profesor Titular –  Universidad de Playa Ancha.

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