Ideas y reflexiones sobre la educación no sexista

Una de las cosas que dejó el 2011 como aprendizaje fueron los profundos cuestionamientos al sistema educativo. Superando a la demanda de educación gratuita, se levantaron nuevas banderas de lucha contra la lógica mercantil de la educación, como lo fue incorporar la batalla por una educación no sexista.

¿Cómo podría abordarse la educación no sexista en las universidades?

El sistema educativo y sus instituciones, no solamente responden a la oferta y demanda del mercado, sino que también cumplen el rol de reproducir el patriarcado y sus relaciones sociales funcionales al capitalismo: solo admite dos roles de género, en donde uno está subordinado al otro, desiguales y de condiciones favorables a los hombres (mientras sean heterosexuales) en desmedro de las mujeres (y todo lo que tenga que ver con lo femeninoy lo no masculino) que desarrollan habilidades diferentes “inherentes” a cada género.

Dentro de este esquema favorable a los hombres (sobretodo burgueses heterosexuales), las mujeres y la diversidad sexual caben dentro de un mismo saco de opresión e invisibilización en sus procesos educativos, en especial las mujeres y diversidad de la clase trabajadora.

La educación no sexista es aquella que busca eliminar los sesgos de género, y que lejos de invisibilizar la diversidad sexual y de género, busca reconocer esta diversidad y darle tribuna y herramientas para su desarrollo, tanto cultural y social, como afectivo y sexual. Responde al hecho de que es necesario que las instituciones educacionales no deben seguir reproduciendo el binarismo de género servicial al capitalismo, abarcando desde las prácticas pedagógicas hasta la educación sexual.

El género en las universidades

Dentro de las distintas casas universitarias, el tema del género prácticamente no se ha abordado; tan así que los casos de acoso sexual que han existido dentro de las mismas facultades no han tenido respuesta si no ha sido por la movilización de los estudiantes. Asimismo, en las mallas curriculares de las carreras, solo algunas universidades y algunas facultades tienen talleres y/o ramos de género, que también han sido ganados con luchas locales.

Y es que la formación es algo básico para comenzar a cambiar estructuralmente la sociedad y sus relaciones personales. No solo asunto de que las carreras de pedagogía o ligadas al ejercicio de la docencia sean quienes aborden estos temas para llevarlos hacia la escuela, sino que es necesario para todas las carreras que se impartan en la universidad exista esta posibilidad de formación.

Sin embargo, abordarlo simplemente como un problema académico es algo que cae en lo mecánico y apela al simple desarrollo individual y no colectivo. Es necesario que al interior de las universidades existan instancias de reflexión y discusión resolutivas en donde toda la comunidad universitaria abiertamente toque los problemas de género presentes en su propia casa de estudios y la sociedad. Que estudiantes y trabajadores puedan juntos avanzar en la construcción de una nueva educación, alejada de los estigmas actuales, con ramos de género y educación sexual, hasta una nueva estructura de la sociedad, por un mundo en el cual seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres.

Rocío Morales

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