Durante su infancia y juventud, transcurrida en diversas localidades rurales de la Región del Bio Bio como Yumbel, Cabrero, Diguillín y Santa Clara, recibió un poderoso influjo cultural que remece sus sentidos hasta hoy: el canto y poesía de raíz campesina. Sensible a esa autenticidad con la que se crió, la pedagoga, investigadora y compositora Fabiola González (39) entrega hoy su fuerza creativa a la renovación del folclor chileno.

Inspirada en ello, y bajo la identidad solista de “La Chinganera”, el 2008 editó un disco homónimo y el 2014 un homenaje a Gabriela Mistral y Violeta Parra llamado “Todas íbamos a ser Violeta” trabajos en los que fusiona, estudia y difunde la cueca -“el verdadero rock chileno”, dice- la décima, centésima, tonada, el guitarrón y la guitarra traspuesta. Así, su obra llegó a enriquecer aún más el panorama de mujeres chilenas haciendo música, del cual ella ya es una voz reconocida, pronta a lanzar su tercera producción independiente que incorpora sonoridades urbanas y continúa dando vigencia y vanguardia a la raíz folclórica “una cultura musical que necesita tener protagonismo para que en el tiempo no se pierda, esa responsabilidad tácita e intrínseca también me ilumina y me empuja”, explica.

Recibió su apodo por parte de Luis Araneda -El Baucha de Los Chileneros- “me bautizó en alusión a las antiguas cantoras de Chinganas, que apasionadamente animaban las fiestas con un extenso repertorio de cuecas”. Entre sus referentes musicales, Fabiola cuenta a Violeta Parra, a The Beatles, a cantoras de la tradición del canto a lo humano chileno, a Edith Piaf, a Chico Buarque, a Patricio Manns, a Bach y a Chabuca Granda. Estudió Pedagogía en Educación Musical en la Universidad de Concepción y actualmente vive en Casablanca junto a sus cuatro hijos y su pareja, el también músico y payador Manuel Sánchez.

Los viajes por Chile y otros continentes son una constante en su vida, siendo invitada a participar de encuentros, dar clases, talleres y realizar aplaudidos conciertos. A partir de la doble vertiente como pedagoga y compositora, aborda en sus canciones la realidad social del país, al que hace una fuerte crítica “creo que no tenemos gobernantes, tenemos administradores y esa es una razón potente para ir perdiendo identidad. Siento que el lugar que ocupaba en la identidad el sabio del pueblo, el machi, el poeta popular, el maestro rural, el campesino, la artesana, la cantora, el orador, hay que recuperarlo con urgencia”.

-¿Cómo descubriste tu amor por la música para desarrollar el estilo que cultivas hasta hoy?
-Descubrí mi amor por la música en la infancia, mis padres dirigían en forma aficionada un conjunto de música tradicional chilena y a los 4 años me levantaba a mirar por las rendijas de la puerta los bailes y a escuchar las guitarras y voces que me seducían de forma absoluta. Mi padre nos regaló una guitarra cuando tenía 8 años y al tiempo migramos al campo (de Concepción a la zona rural de Yumbel) donde conocí a las cantoras de trillas y me enamoré por completo de la poesía, la guitarra campesina y en general del lenguaje que me recibía. Al regreso a la cuidad me gané una beca para estudiar canto lírico y paso a paso me fui formando como música profesional, estudié Pedagogía en Educación Musical en la U. de Concepción y sin darme cuenta me fui transformando en estudiosa y cultora de la música tradicional, cautivada siempre por el amor profundo que me despierta el sonido de guitarras, guitarrones y el lenguaje poético del Chile profundo.

-¿Qué aspectos de la raíz folclórica son los que iluminan tu trabajo?
-Me ilumina la música porque su sonoridad me transporta a universos mágicos que no existen en lo concreto, pero sí en este espacio-tiempo imaginario que está en el aire y que como el viento me va silbando historias que pertenecen a un mundo del que me siento parte y del que misteriosamente quiero conocer y reconocer. Me ilumina la poesía, porque ella es la principal relatora de estas imágenes y me siento no sólo seducida, sino estremecida por el “cómo” se relata, con versos sublimes profundos y delicados, esta historia nuestra. Me ilumina finalmente la creación, que es el último eslabón de los cuatro puntos cardinales de la cultura tradicional: el cultor natural, el investigador, el intérprete y el creador. Crear me hace pertenecer y al mismo tiempo evolucionar y hacer vigente una cultura musical que necesita tener protagonismo para que en el tiempo no se pierda. Esa responsabilidad tácita e intrínseca también me ilumina y me empuja.

-¿De dónde provienen tus principales motivaciones y qué temas te interesa pensar?
-Siempre estoy creando independiente, sea o no un trabajo artístico. Me gusta crear, no me gusta seguir el camino de otros sin aportar algo nuevo. Me gusta crear en la cocina, me gusta crear técnicas para obras plásticas que hago aficionadamente, me gusta crear formas nuevas para hacer clases. Lo de repetir y reinterpretar no me sale natural, necesito ponerle algo mío. En mi trabajo, más que pensar en algún tema, lo voy sintiendo y luego termina en alguna canción, generalmente son sentimientos comunes que nacen o desde el dolor o desde el amor y pueden ser sociales, históricos o personales que forman un todo que termina también en lo social. Ser cantora es una pasión muy íntima y al mismo tiempo expuesta, por lo que también es una gran responsabilidad ya que la cantora es la que sostiene la tradición del canto campesino de una generación a otra y yo, siendo una cantora ya totalmente citadina, tengo esta raíz que descubrí en mi infancia. Me motiva siempre exigir entregar lo mejor, lo más logrado, lo que me emocione cada vez que lo entono, que responda a los valores intrínsecos que debe tener la canción de raíz folclórica, que cumpla y eleve los requisitos que responden al rigor propio de la poesía popular o de la músicas de la tradición, para mezclarse con ésta sonoridad urbana de música tradicional de vanguardia que he descubierto es lo que más me motiva.

-¿Cuál es tu relación con un referente universal como lo es Violeta Parra?
-Muy cercana, de cariño y respeto como si fuera una abuela sabia que está aconsejándome desde su mirada y su silencio. Me siento identificada con ella en aspectos no sólo de su obra si no de su vida, por lo que la tengo presente a diario en mis inquietudes artísticas. Siento que cada vez la voy conociendo y admirando más, mientras estudio con inquietud y curiosidad el quehacer musical actual, la historia, el rol de la mujer en la música, el amor por los poetas y el respeto por las obras de los cultores. Un caudal gigante y poderoso de sabiduría.

-¿Qué gesto relevante crees que se ha hecho o que debe hacerse para valorizar su legado?
-Creo que más que un gesto relevante, hay que llevar el legado de Violeta Parra a la escuela. Sobre todo a la educación básica, a esos primeros años de formación. Enseñar la cultura tradicional por medio de su obra: coplas, cuecas, décimas, canto a lo poeta, cerámica, arpilleras, pintura, historia, guitarra, ritmos musicales chilenos, etc. Violeta tiene que dejar de ser un ícono del folclor chileno que los niños conocen por fotografía o por alguna canción, creo que la escuela debe acercarse a ella para llevarla a sus aulas en forma viva y presente y así proyectar su obra en el aprendizaje de nuestros niños. Violeta es una historiadora por medio del arte, no es una artista de museo y creo que eso es urgente de dar a conocer.

-¿Crees que existe una mayor y más significativa participación de las mujeres en la música?
-Me sorprendió hace unos años encontrar una investigación llamada “Las mujeres en la música chilena; Diálogos entre cruzados con el poder” (Revista Trans Cultural de Música de la Sociedad de Etnomusicología) publicada el 2014, que hace un análisis histórico del rol de la mujer en las diferentes músicas chilenas, dejándola como la gran precursora de los diversos movimientos y estilos desde que se tiene registro biográfico y demostrando que ésta labor de “iniciadora” ha sido anónima, desconocida e ignorada tanto por la comunidad como por los sectores del ámbito académico. Desde Isidora Zegers hasta la reciente generación de cantautoras, pasando por el rock, blues, música docta, ionvestigación de cultura tradicional, folclor latinoamericano, folclor chileno, folk, trova, cueca, fusión… todos movimientos iniciados por mujeres, con nombre y apellido, bandas y/o solistas. En este sentido, creo que lo que ha cambiado es la visualización de ese anonimato que tuvieron las antiguas generaciones donde no había posibilidad de difundir de igual forma que el trabajo masculino. En la actualidad contamos con todas las herramientas y eso lo ha facilitado, pero no creo que sea mayor, creo que por estar más visible podrá tener más presencia en la historia.

Sabiduría popular e identidad

-¿Podrías definir o establecer elementos esenciales en torno a la identidad de Chile?
-Concuerdo con Gastón Soublette cuando dice que el Chile actual es un país inventado post dictadura, vacío espiritualmente y con gobernantes que carecen de sabiduría. Además creo que no tenemos gobernantes, tenemos administradores y esa es una razón potente para ir perdiendo identidad. El sabio del pueblo que describe Soublette, aquel que va construyendo la oralidad y quien sostiene la cultura de un pueblo; no tiene en estos tiempos ninguna importancia. Creo que la identidad está, pero debajo de todo este manto de pseudo artistas que profitan de un medio y/o un sistema, de una gran red de construcciones empaquetadas para difundir la verdadera cultura tradicional y otras paredes de “vacas sagradas” y fórmulas inmediatas, arcaicas, facilistas y desechables de difusión y enseñanza. Siento que el lugar que ocupaba en la identidad el sabio del pueblo, el machi, el poeta popular, el maestro rural, el campesino, la artesana, la cantora o el orador hay que recuperarlo con urgencia, y por fortuna hay un pequeño gran movimiento de artistas, historiadores, investigadores y jóvenes inquietos interesados en levantarla.

-¿Qué aporte ha hecho el canto popular campesino en nuestra formación y memoria colectiva?
-El canto campesino nos presenta una especie de tesoro intangible que representa genuinamente nuestra más profunda idiosincrasia, el canto popular no es más que la continuidad de ese lenguaje sonoro que se hace más masivo, pero tienen como origen una misma fuente. El repertorio del canto campesino y el repertorio del canto popular de la Nueva Canción Chilena (por ejemplo) deberían ser parte de la educación artística en nuestras escuelas, pues ambas describen la historia, los procesos sociales, políticos y culturales de un país y en el caso del canto campesino y más específicamente aun, el canto a lo poeta, son el alma de la cultura musical chilena, por lo que así como otras cosas que he nombrado en esta entrevista, es de carácter urgente su enseñanza y correcta difusión. No podemos seguir formando niños que no saben de dónde son, quiénes son, en qué país viven, en qué se sostiene su cultura. El trabajo de un cultor o un intérprete de folclor o un investigador está basado tácitamente en la memoria colectiva. Los folcloristas no tenemos cómo construir un proyecto musical o poético sin tener como base la memoria colectiva, la memoria colectiva es el tesoro humano social que nos permite creer y luego, crear, recrear y hacer vigente, es la columna vertebral de la cultura. No existe el folclor sin memoria y sin vigencia, por tanto la memoria colectiva es un ejercicio diario para quienes trabajamos en esta línea de la música.

-¿Cómo ha sido tu experiencia viajando y desarrollando tu trabajo en otras regiones? ¿Crees que hay una necesidad de descentralización?
-Mi experiencia mayor siendo artista se ha desarrollado en constante movimiento, por lo que no me he sentido diferente estando en una u otra región. Más que todo siempre me he sentido muy chilena, nunca penquista, pero claramente hay una necesidad de descentralización, las provincias deberían prepararse mejor para recibir a los artistas que van pariendo, tener universidades o centros de formación musical, contar con productores o sellos, variadas salas de teatros que estén a su disposición, radios que difundan su trabajo, variados festivales a lo largo del año y de diferentes estilos. Mientras eso no ocurra, el trabajo que pueden realizar los músicos para desarrollar, difundir y visualizar sus obras está por debajo de los resultados de quienes viven en las grandes capitales que cuentan con todos esas plataformas. El artista regional, como consecuencia de las carencias, se mueve en una frecuencia, desde mi punto de vista, bastante celosa y un tanto agria (ya que tiene que defender el pequeño lugar que se ha ganado), con poca autocrítica en lo artístico, donde se respira cierta conformidad y autocomplacencia, habitado por circuitos cerrados y machistas. En este sentido, se necesitan urgente nuevas políticas de gobierno que establezcan plataformas de educación y difusión para los artistas en regiones, esto de paso generará una renovación en el espíritu artístico que los mueve y por ende un mayor profesionalismo que terminará en una mejor y fructífera obra.

-¿Qué iniciativas proyectas para el segundo semestre?
-Estoy en preproducción de mi nuevo disco y preparando clases para mediaciones que tengo en tres colegios de la región del Bio Bio, donde enseñaré la décima y algo del canto a lo poeta. El segundo semestre, espero estar de lleno trabajando en la producción junto al músico Pedro Villagra (ex Inti Illimani, Santiago del nuevo extremo) quien está haciendo los arreglos de este nuevo álbum y además espero realizar el lanzamiento del videoclip del primer sencillo “Huayno del sol”, eso a parte de mis conciertos y presentaciones. Este año he viajado bastante por Latinoamérica, tuve dos conciertos en Perú (Lima y Cuzco), dos en Cuba (La Habana y Las Tunas) y en octubre me voy a Argentina (Bariloche) a un encuentro de cantoras mapuches y campesinas.