Violeta: artista, mujer guerrera, maga de lo imposible

La creadora e investigadora en el arte popular chileno habría cumplido un siglo este 4 de octubre. Durante el 2017 se ha homenajeado su figura y gran legado.

Patricia Schüller G. Periodista.“Esta increíble mujer me enseñó que, si queremos algo con la totalidad de nuestro ser, acabamos lográndolo. Lo que parece imposible, con paciencia y perseverancia se hace posible”.

En este fragmento, escrito en el prólogo de su libro “El Maestro y las magas”, el escritor, tarotista y psicomago, Alejandro Jodorowsky, se refiere a la impresión que le causó Violeta Parra cuando compartieron en París, especialmente su tenacidad y convencimiento de que podía lograr sus sueños.

El también cineasta relata una anécdota que refleja la manera como se mentalizaba la autora de “Gracias a la vida” y “Volver a los 17”, algunos de sus temas inolvidables, para concretar sus metas. Un día caminando por las orillas del Sena, frente al Palacio del Louvre, la folclorista le anticipó: “A mí, que soy tan pequeña, ese enorme edificio no me asusta. Te prometo que pronto verás ahí dentro una exposición de mis obras…”.

Jodorowsky admite que no le creyó, pero pasado un tiempo -abril de 1964- vio con sorpresa como ella inauguraba su gran exposición (de arpilleras, óleos y esculturas en alambre) en el Museo de Artes Decorativas, Pabellón Marsan, del Louvre, convirtiéndose en la primera mujer y artista latinoamericana en montar una muestra individual en el prestigioso recinto.

Este pasaje de la vida de Violeta del Carmen Parra Sandoval, cuyo centenario se celebra este 4 de octubre -se suicidó el 5 de febrero de 1967- es uno de los tantos hitos de su existencia cruzada por la pobreza, tristezas, desamor, enfermedades y también el éxito – aunque tardío- en el país y el extranjero.

Sus pasos

Muchos de los estudios sobre su vida y obra apuntan a San Carlos, provincia de Ñuble, como su ciudad natal. Hija del profesor de música Nicanor Parra Parra y de la campesina Clarisa Sandoval Navarrete, tuvo nueve hermanos. En algunas de sus canciones la cantautora puso de relieve todas las penurias y enfermedades que la aquejaron en su niñez. A los nueve años empezó a tocar la guitarra y a los doce compuso sus primeras canciones. Tras realizar los cursos primarios estuvo un año en la Escuela Normal.

En 1931, al morir su padre, viajó a Santiago, invitada por su hermano Nicanor. Retomó sus estudios de profesora normalista, los que luego abandonó definitivamente. Comenzó a cantar entonces en bares, quintas de recreo y salas de barrios junto a su hermana Hilda (“Las Hermanas Parra”). Además de entonar boleros y canciones populares españolas y mexicanas, se concentró en el estudio, búsqueda e interpretación de antiguas piezas folclóricas andinas.

Siete años después contrajo matrimonio con Luis Cereceda, un militante comunista, con quien tuvo dos hijos: Ángel (fallecido a los 73 años el 11 de marzo de este año) e Isabel.

“Vivíamos con mamá en una pieza de madera, con piso de tierra. En invierno hacía un frío de morirse. Nos tapábamos hasta con el estuche de la guitarra. A las cuatro de la mañana me despertaba para que fuera a robar agua a una acequia que quedaba muy lejos”, recordaría más tarde su primogénito.

La cuarteta que le dedicó Neruda

Un tiempo después se casó con el carpintero Luis Arce, con quien tuvo a Carmen Luisa (1949), fallecida en Bruselas el 12 de junio de este año. En 1952 nació su hija Rosita Clara, quien murió a los dos años.

A comienzos de los ’50 la artista comenzó su extensa labor de recopilación de tradiciones musicales  en el país. Fue así como conoció a los poetas Pablo Neruda y Pablo de Rokha.

En 1954, a propósito de los 50 años de Neruda, Violeta Parra ofreció un recital en la casa Michoacán (primera residencia de Delia del Carril y el poeta). Ángel Parra recordó ese momento: “Ya con su nombre ganado a punta de ñeque, realiza su primer recital ante un grupo de invitados que celebraba el cumpleaños del vate. Debe haber sido un gran momento para ella, yo guardo una memoria luminosa esa noche (…) Lo veo como el comienzo del despegue de mi madre hasta las galaxias lejanas donde se encuentra hoy”, publicó El Siglo el 10 de febrero de este año.

Para la ocasión, Neruda le dedicó la siguiente cuarteta:

“Estás Violeta Parrón

  violeteando la guitarra

  guitarreando el guitarrón

  entró la Violeta Parra”.

Un año antes Violeta había grabado “Casamiento de negros” y “Qué pena siente el alma” que se convirtieron en dos de sus canciones más conocidas. Posteriormente ganó el Premio Caupolicán a la folclorista del año, lo que le valió una invitación para presentarse en un festival juvenil en Polonia, oportunidad que aprovechó para recorrer la Unión Soviética y partes de Europa.  En París grabó sus primeros larga duración: “Guitare et chant: chants et danses du Chili”.

Volvió en 1957 a Chile y se fue a Concepción con sus hijos Carmen Luisa y Ángel, contratada por la universidad de esa ciudad. Fundó el Museo Nacional del Arte Folclórico y regresó a Santiago. En 1960, en un segundo viaje a París, conoció a Gilbert Favre, antropólogo y musicólogo, quien fue su gran amor. Convivieron en Ginebra y la artista le dedicó canciones como “Corazón maldito”, “Qué he sacado con quererte”, “El gavilán, gavilán”.

Su estada en Argentina

Tres años después la artista se trasladó a Argentina donde vivió en General Picó y Buenos Aires. Residió tres meses en General Picó y luego se trasladó a la capital federal, instalándose en la habitación 111 del  Hotel Phoenix. En abril de 1962 ofreció un concierto en el Teatro IFT, expuso su obra plástica y dio una entrevista-recital en Canal 7.

Ya en esos años, junto a su magistral obra, Violeta Parra tenía un fuerte compromiso social con su pueblo y el pueblo latinoamericano, escribiendo y componiendo diversos temas que hablaban de la historia, las luchas, esperanzas y dolores de los trabajadores, los estudiantes, las mujeres, los campesinos. Eso incluyó su compromiso con el Partido Comunista y con causas populares. Hasta hoy se recuerda y se cantan, entre otros temas, “Al centro de la Injusticia”, “Arauco tiene una pena”, “Según el favor del viento”, “Arriba quemando el sol”, “¿Qué dirá el santo Padre?”, “Me gustan los estudiantes”.

En junio de 1965 la artista regresó a Chile y a fines de ese año instaló una gran carpa en la avenida La Cañada con Toro Zambrano, en La Reina. Su sueño era convertirla en un centro de cultura folclórica, pero no tuvo el apoyo para el proyecto.  El término de su relación con Gilbert Fabre, quien se marchó a Bolivia en 1966, la dejó desolada. De esa época es su tema “Run Run se fue pa’l norte”. Cuando lo fue a ver se enteró que se había casado. No volvió a recuperarse.

Un año después -a las 17:40 del 5 de febrero de 1967- el ruido sordo de un balazo estremeció la carpa de La Reina. Violeta se había pegado un tiro en la sien. La artista, la mujer guerrera,  la que luchó por cumplir sus sueños, se había cansado de vivir.

Homenajes

Este 2017 es el año de su centenario de Violeta Parra, marcado por diferentes eventos, en Chile y el extranjero, en los que se ha puesto de relieve su figura como compositora, intérprete y promotora del folclor chileno con un enorme compromiso social.

El 28 de marzo pasado, en Ginebra, la Presidenta Michelle Bachelet develó una placa conmemorativa para la artista que residió en esta ciudad suiza a partir de 1960.

La ceremonia se realizó en el colegio Voltaire, a solo pasos del lugar en que Violeta vivió. En la ocasión, la Mandataria recordó que la cantautora, en una entrevista de la época, relató que “poquito a poco encontré la forma de decir algo con este yute grueso y estas lanas de colores: me permiten contar las leyendas de mi país, su folclor, sus mitos, y decir lo que tengo en mi corazón” (…) cuánto tenía que decir Violeta Parra, cuánto tenía en su corazón, que dejó en sus arpilleras, en sus cerámicas, en sus pinturas, en sus canciones (…)”. Añadió Bachelet: “Y es que las letras de sus canciones y su autobiografía en eros chilenos -sus inimitables décimas- captan de manera impresionante quiénes somos los habitantes de ese país que, como ella cantó, ‘limita al centro con la injusticia’”, remarcó.

Cuatro meses después, el 19 de julio de este año, y bajo el nombre de “Violeta Sinfónico”, un grupo de artistas de Chile y Argentina, además de la Orquesta Estable del Teatro Colón, le cantaron a la artista con motivo de su centenario. Se elevaron en su nombre las voces de Sandra Mihanovic, Soledad Pastorutti, Gepe, Javiera Parra, Beto Cuevas, Camila Moreno, Roberto Márquez, entre otros, dirigido por el nieto de la cantautora, Ángel Parra.

Bachelet encabezó el acto: “Creo que esta es una conmemoración muy importante. Violeta Parra fue una gran mujer, una gran luchadora, preocupada de lo humano, a veces de lo divino, y de los dolores y amores de nuestros pueblos. Como Gobierno seguiremos organizando actividades durante este año, para que la voz de Violeta Parra esté presente también en las nuevas generaciones”.

También el espectáculo estuvo en espacios culturales de las comunas de Quilpué y Cabildo, y se presentó el 23 de septiembre en el teatro del Parque Cultural de Valparaíso  como parte del ciclo de conciertos que organiza el Consejo Regional de la Cultura y las Artes, en el marco del programa Chile Celebra a Violeta Parra 2017.

La presentación la hizo la Orquesta Infantil y Juvenil de la Corporación Municipal de Valparaíso y contempla una itinerancia musical que incluye 13 adaptaciones sinfónicas realizadas especialmente para este concierto por el músico y compositor Francisco Villalobos Danessi, director de la Orquesta Cormuval. Las piezas fueron interpretadas por un total de 50 jóvenes músicos con distintas habilidades en violines, violoncelos, violas, flautas, bronces, contrabajos y percusión.

La tonada revolucionaria

La artista ha sido inmortalizada no solo en su centenario. El 4 de octubre de 2015 se inauguró el museo que lleva su nombre, en Avenida Vicuña Mackenna 37 en la capital chilena.

La más importante creadora e investigadora en el arte popular chileno ha sido objeto de incontables libros, trabajos biográficos y de investigación, documentales y película.

El 11 de agosto de 2011 se estrenó  la película “Violeta se fue a los cielos”, del realizador chileno Andrés Wood, basada en el libro de memorias de Ángel, el hijo de la folclorista. La artista fue interpretada por la actriz Francisca Gavilán.

Ese filme, entre otros trabajos, tuvo en cuenta el documental “Violeta Parra, bordadora chilena”, realizado por la televisión suiza.

El 1 de junio de 1964, el poeta Pablo de Rokha escribió “Violeta y su guitarra”. Acá un extracto:

“Tiene su arte aquella virtud de salud, que es vital y mortal simultáneamente, de las honestas, recias, tremendas yerbas medicinales de Chile, que aroman las colinas o las montañas y las arañan con su olor a sudor del mundo del futuro, o de lo remoto antiquísimo, y son como látigos de miel dialéctica, con hierro adentro, en rebelión contra el yugo…Yo no defino así ni el volumen ni el tamaño social de su estilo; no; me refiero a la cualidad que la orienta a ella y su guitarra y aun la pintura en proverbio o la tonada revolucionaria, a su guitarra y a ella, porque ella no es una guitarra con mujer, sino una mujer con guitarra”.

El Siglo

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