Pobreza y desigualdad: la nueva brecha de la democracia – Editorial

Entre más se amplíe la brecha entre la extrema riqueza y la extrema pobreza, la democracia corre peligro puesto que las instituciones pueden debilitarse en la medida en que sean cooptadas por quienes concentran el mayor ingreso y busquen seguridad a su tan preciado capital. Así como la caída de la producción mundial creó una pobreza global, también provocó que se expandiera la fortuna de un grupo de privilegiados. De este modo, de la combinación entre la imperante desigualdad y la estrepitosa crisis resultó el fortalecimiento de una élite económica cuyos privilegios aumentaron a costa del bienestar social perdido.

Entre más se amplíe la brecha entre la extrema riqueza y la extrema pobreza, la democracia corre peligro básicamente por que las instituciones responden a quienes quieren concentrar sus ingresos y la seguridad de sus capitales. Así como la caída de la producción mundial creó una pobreza global, también provocó que se expandiera la fortuna de un grupo de privilegiados en nuestro país. De este modo, de la combinación entre la imperante desigualdad y la ruidosa crisis resultó el fortalecimiento de una élite económica cuyos privilegios aumentaron a costa de los bienestares sociales perdidos.

En fin, la concentración de la riqueza hará inequitativa la representación política al asegurar en los órganos del Estado a sus escuderos para que formulen políticas gubernamentales y leyes que los favorezcan, a costa de la mayoría que son los más pobres.

El resultado: es el inevitable desgaste de la gobernanza democrática, la destrucción de la cohesión social y la desaparición de oportunidades. Por estos motivos, paradójicamente, la globalización mina la libertad económica y la libertad social a esos excluidos del mercado que perdieron su poder adquisitivo a costa del enriquecimiento global de unos cuantos.

Crean leyes para expandir la inversión de esa minoría empoderada por la globalización. De este modo, parece evidente que gobiernan a favor de los intereses del capital voraz. Si bien con reformas estructurales los gobiernos tratan de fomentar la competencia económica al eliminar los privilegios de las élites locales, también están dando lugar a un monopolio de oportunidades. Esto se debe a que los ricos más ricos presionarán para que les reduzcan los impuestos y también se comprima el gasto hacia la seguridad social, destinando ese dinero al subsidio de las empresas de los que empoderados política y económicamente juegan a la víctima y victimario.

La radiografía de la desigualdad debe llevarnos a hacer una reflexión urgente sobre el modelo de sociedad que está dejando el neoliberalismo. Tan importante como salir de ella es preservar unos estándares de cohesión social que garanticen su progreso y la igualdad de oportunidades, ya que, a largo plazo, la desigualdad merma las posibilidades de desarrollo económico de un país. A partir de determinados niveles, la brecha social aparece también como uno de los más serios obstáculos para la propia recuperación de un país que ha sido fragmentado, dañado y pisoteado por los poderes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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